Se suceden
los besos en una jaula rota.
Dos barras blancas languidecen a tu paso,
colmándolo todo
de llantos de niños chicos,
y de nubes que observan la brillante primavera
dándote la espalda.
los besos en una jaula rota.
Dos barras blancas languidecen a tu paso,
colmándolo todo
de llantos de niños chicos,
y de nubes que observan la brillante primavera
dándote la espalda.
Sólo quedan almohadas atadas en nuestros cuellos enrojecidos por la marea y nuestros besos de lenguas dulces,
de lo que nunca soñaremos
ni lloraremos.
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